En Yuqys veniste a la vida,
De conejos rodeada,
De nagüille vestida,
Y del zoque adornada.
Sí, allí naciste conejita
Saltando en la loma,
Pequeña y bonita,
Con hermoso idioma.
De Yuqys saltaste al camino real,
Para ser mejor vista.
Aquí vestiste percal,
En pos de alguna conquista.
Joven, a tu nueva casa veniste,
Y para “la última teja colocar”,
A los españoles padrinos elegiste.
En tu nuevo hogar, el guiño del viajero viste al pasar.
Antes, el nombre de pila “Coyatocmó”
Cambiar decidiste,
Que coqueta no te gustó,
Por Tuxtla, y así acariciando el conejo seguiste.
Bajo la ceiba central,
De comestibles había venta
No era mercado formal,
Porque tu vida era lenta.
Talada la ceiba, después,
Allí de ladrillo se construyó,
El primer mercado llamado “cientopiés”,
Que por sus muchos pilares tu gente así bautizó.
Agua pura de zapotal bebías,
Que amoroso de su entraña te daba;
Los nambiombos eran tus sombrillas.
Pero otra suerte te esperaba.
Carreras muchas tenías,
Que del tren traían correo y viajeros.
Por eso pasaban varios días
En saberse los noticieros.
Tus diversiones que atraían,
Eran los paseos, el parque, los portales y el Rabasa.
Pero tus inquietudes te exigían
Cambiar tu antigua traza.
Las pozas del cura, enladrillada y el mangal
Eran también paseos divertidos,
En el Sabinal,
Para muchedumbre en grupos nutridos,
Y, ¿qué me dices del Jocotal?
Otro paseo atrayente,
Para saborear jocote con tamal,
Al que acudía toda la gente.
Tus calles empedradas
Anunciaban,
Por las pisadas,
Cabalgaduras que pasaban.
Hasta que la atención atrajiste,
Inquieta sin igual;
Y otro salto diste
Convirtiéndote en capital.
Entonces tu descuidado rostro anterior,
Empezaste a embellecer,
Usando el tocador,
Para enamorados atraer.
Uno fue oaxaqueño,
Francisco León, buen gobernador,
Quien empezó a adornarte con empeño,
Construyendo tu palacio con amor.
Tus ropas, antiguas todas
Fuiste cambiando por elegantes,
Vistiendo a las modas,
Para oír frases galantes.
¿Qué hacen Mactumatzá y el Cañón del Sumidero
Que su vista te daban
Cariño verdadero?
Al verte cambiar, lágrimas muchas aún derraman.
Pero no todo ha sido alabanza.
El alcalde colonial Masterra, despótico en 1693 te ofendió;
Entonces tu ascendiente zoque, sin tardanza
Te defendió, y con su vida aquel pagó.
En 1912, ataque de soldados recibiste.
Surgió tu enamorado capitán Miramontes,
Y airosa saliste.
Los sublevados, exterminados en los montes.
Otra chusma del mapachismo, sin ideales,
Y la derrotaron por a ti quererte.
Más tarde condenaste, digna y valerosa,
Crímenes contra Diéguez y los Vidal.
Fue cuando estudiante te conocí, dolorida, amorosa,
Y desde entonces me gustaste por tu actitud e ideal.
El apellido que llevas es de recordación,
En justicia merecida,
A la brillante actuación,
De Joaquín Miguel Gutiérrez, en su vida.
Porque a tu hijo la dictadura satanista sacrificó,
Cuando en 1838 la desafió valiente,
Que con su pluma y las armas atacó,
Como liberal-federalista sobresaliente.
Algo valioso dejó tu hijo de herencia,
Para sus hermanos, su ideal.
Porque observando con inteligencia,
Lo llevan por siempre igual.
Ya no hay portales, carretas, ni Rabasa, y jinetes no se ven cabalgar.
Pero guarda todo en tu memoria,
Para nunca olvidar,
Tu hermosa y atrayente historia.
Hoy las noticias oyes al instante.
Te divierte también la televisión
Todo es ahora expectante,
Con rápidos medios de comunicación.
Te admiro por gozar de simpatía,
Al hacer de la amistad un don,
Como en la cadena el eslabón,
Por ser de Chiapas el centro de su geografía.
Porque sabes, después de observar,
A tus gobernantes que lo hacen bien, estimular;
Y a los que mal lo hacen al administrar,
Con tu desprecio castigar.
Porque tienes buen concepto de la amistad,
Ofreciéndole con hidalguía
Fomentando la fraternidad
Y promoviendo la alegría.
Ya que oyendo cada día
Los cohetes tronar,
Das señal de contento y algarabía,
Que otros pueblos desearían disfrutar.
Dicen que tomando
El taxcalate y en jícara el pozol,
Se te sigue recordando,
O se regresa y toma también pinol.
Por haberlos tomado, de lejos te recuerdo y sueño en tu grandeza
Por la noche y en las mañanas,
Deseando sigas con entereza,
Creciendo junto a tus montañas.
¡Ah! Y siguiendo mi deseo tanto,
Te dedico por eso
Este canto,
Porque inquieta vas hacia el progreso.
J. Mario García Soto
publicado en El Sol de Chiapas, edición del 2 de febrero de 1980.