A eso de caer y volver a levantarte, de fracasar y volver a comenzar, de tomar un camino y tener que abandonarlo, de sufrir el dolor y tener que soportarlo; a eso no le llames adversidad, llámale sabiduría.

A eso de fijarte una meta y tener que cambiarla por otra; de huir de una prueba y tener que enfrentar otra; de aspirar y no poder, de querer y no saber, de avanzar y no llegar; a eso no le llames fracaso, llámale aprendizaje.

Anónimo

Decálogo del cineasta

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I. Fe es creer en lo que no se ha revelado.

II. El film justifica los medios.

III. El orden de los editores sí altera el producto.

IV. Todo el mundo es director de cine hasta que pruebe lo contrario.

V. Solo hay que saber dónde comienza un plano y dónde termina.

VI. No dirija, corrija.

VII. Hasta en el cine porno hay que cubrirse.

VIII. Una imagen no siempre vale mil palabras.

IX. El documental es la pesquería y la ficción la cacería.

X. El video es el cine sin dolor.

Luis Ospina, publicado en El Malpensante.

Crónica de la confianza perdida [diarios de producción]

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Ocurrió a finales de abril. Vamos, no creí que merecería un post, pero parece que sí.

Me metí a producir nuevas cápsulas para Código Joven; es que, pobre Damián, tiene demasiado trabajo encima. Además, producir es bueno para aprender paciencia, tolerancia y todas esas virtudes que me faltan.

Sucedió que decidí pronto la temática, el contenido y hasta el presentador perfecto. Pasé la propuesta a quienes correspondía y fue aceptada; de hecho, el presentador perfecto hasta se entusiasmó y comenzamos a trabajar. Dado que él conoce mejor el tema, le dejé proponer el contenido y esa misma tarde me lo envió por mail. Comencé la investigación. Omitiré decir que el flamante jefe de información me quedó mal en el primer encargo, porque este post no se trata de eso.

Encargué la escenografía con nuestra diseñadora voluntaria y tampoco diré que tras varios días de prórroga, al final me entregó nada en físico, solo el logo para incluir en el video los muebles con otra amiga de la producción que dijo que sí los prestaba, pero a la hora de la hora de la última hora se le olvidó. Tras varios días de aplazar el rodaje, quedamos para el 27 porque ya la fecha de entrega se venía encima.

Con la esperanza de terminar pronto para presentarme a cierta diligencia en el juzgado, llegué puntual al set y esperé al compañero presentador. Quedamos a las 9:30 am.

10:00 am. Bueno, no es la primera vez que se retrasa, pero el chico suele ser responsable. 10:30 am. Una hora de espera, comienzo a preocuparme. 11:00 am. Le escribo por enésima vez al móvil para saber si ya viene y no responde. Las dos palomitas del Whatsapp me dicen que recibió el mensaje pero por alguna razón no contesta ni allí ni en twitter. ¿Será que le pudo pasar algo en esta ciudad segura? No puedo más con la incertidumbre ni con la espera, con la penangustia comienzo a buscar un reemplazo. Hablo con Damián y también se inquieta; el otro chico que podría hacerlo está fuera de la ciudad.

11:30 am. Una parte de mí desea que algo trágico haya ocurrido, algo que justifique el plantón. Otra parte, la de la productora responsable, cruza los dedos porque no. Al fin textea que se quedó dormido, que lo siente y que por eso no llegó. Me da risa y me alivia la tensión. No está bien, pero lo entiendo: sé lo que es sobrecargarse de trabajo y no poder con todo. Mentalmente lo perdono e insto a que se apure, sigo en el set.

12:00 pm. En una expresión de irresponsabilidad total, se zafa del compromiso porque dice que ya es tarde. Siento unas ganas inmensas de mandarlo al carajo porque no es posible que conociendo la importancia de este proyecto me salga con tal cosa, porque es inconcebible tan nivel de informalidad, porque me irrita sobremanera la gente que no tiene palabra, porque por muy ingeniero que se crea vengo siendo su jefa y él, tampoco es indispensable*.

Gracias a Dios que me quedé sin tiempo aire para decirle todo lo que requería. Perdí el día y la audiencia en el juzgado. De camino a casa medité en cuántos profesionistas de título son todo excepto profesionales y cuántos estamos en el camino del profesionalismo aunque seguimos aún lejos del título; pero tu trabajo es tu mejor títulome dijo Oskar y por eso me esfuerzo todos los días.

Con dificultad la ira comienza a apaciguarse. Hay qué seguir, pero las cosas serán diferentes. Por protocolo corresponde darle otra oportunidad pero una parte importante de mi confianza se fue al caño. El domingo espero al menos una disculpa formal.

Nada. Ni una palabra sobre el asunto. Infiero, por una serie de tuits plagados de sarcasmo, que el proyecto le importa un comino, que no respeta en lo más mínimo mi autoridad y así sencillamente no puedo trabajar.

Suerte que siempre tendremos a Daniel.

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*Nadie es indispensable. Fue la primera y más difícil lección que aprendí en el medio. Tenía diecisiete años, estaba atravesando una crisis depresiva y era titular de un programa de radio. En la segunda emisión llegué tarde por esa causa y el productor, Cheluis Álvarez tuvo la gentileza de llamarme la atención en público. La premisa impresionó mi mente de forma indeleble; es verdad, sea locutora, directora, productora, whatever, no soy indispensable. Ese día salí del aire con una nueva perspectiva del mundo. Sinceras gracias, Che.

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Lo siento, pero no quiero ser emperador. Ese no es asunto mío. No quiero gobernar o conquistar a nadie. Quisiera ayudar a todos, a judíos, gentiles, negros, blancos. Todos queremos ayudar, los seres humanos somos así. Vivir para la felicidad y no la miseria ajena. No queremos odiar ni despreciar. Hay sitio para todos. La buena tierra es rica y puede proveer a todos. El camino de la vida puede ser libre y bello pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha llevado a la miseria y a la matanza. Hemos progresado con velocidad y nos hemos encerrado dentro. Las máquinas nos han dejado en la necesidad. La ciencia nos ha hecho cínicos, la inteligencia, duros. Pensamos demasiado, sentimos muy poco. Más que  máquinas, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos dulzura y bondad. Sin estas cualidades, la vida será violenta, todo se perderá. El avión y la radio nos han acercado. Estos inventos claman por la bondad humana; claman por la fraternidad universal, la unidad. Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres: millones de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que hace torturar y encarcelar a gente inocente. A los que me oigan les digo: no desesperen. La desgracia que vivimos es la pasajera codicia, la amargura de hombres que temen el camino del progreso. El odio pasará, los dictadores morirán y el poder que le quitaron al pueblo volverá al pueblo. Y mientras mueran los hombres, la libertad nunca perecerá. ¡Soldados, no se entreguen a las bestias que los desprecian, los esclavizan, rigen vuestras vidas, les dicen qué hacer, pensar y sentir; los mandan, los hambrean, tratan como a ganado y carne de cañón! No se entreguen a hombres inhumanos, hombres máquina  con mentes y corazones de máquina. ¡No son máquinas! ¡No son ganado! ¡Son hombres! ¡Llevan amor en sus corazones! ¡No odian! ¡Solo los odiados y los inhumanos odian! ¡No luchen por la esclavitud sino por la libertad! San Lucas escribe: “El reino de Dios está en el hombre.” No es un hombre, o en un grupo, sino en todos, ¡en ustedes! Ustedes, el pueblo tienen el poder.  El poder de crear máquinas, de crear felicidad. El poder de hacer que esta vida sea libre y bella, que sea una maravillosa aventura. En nombre de la democracia, usemos este poder, unámonos todos; luchemos por un mundo nuevo, un mundo que dará a los hombres un trabajo, a loa jóvenes un futuro y a los ancianos seguridad. Prometiendo esto subieron las bestias al poder. ¡Pero mintieron! No cumplen y no cumplirán esta promesa. Los dictadores son libres pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para cumplir esta promesa. Luchemos para liberar al mundo, romper las barreras nacionales, terminar con la codicia, el odio y la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón donde la ciencia y el progreso lleven a la felicidad de todos. ¡Soldados! En nombre de la democracia, ¡unámonos!

Hannah, ¿me oyes? Dondequiera que estés, alza los ojos, Hannah. Las nubes están desapareciendo, el sol se está abriendo paso. Salimos de la oscuridad para alcanzar la luz. Entramos en un mundo nuevo, un mundo más amable donde los hombres se elevarán sobre su odio, su codicia y su brutalidad. ¡Alza los ojos, Hannah! El alma del hombre tiene alas y por fin empieza a volar. Vuela hacia el arcoiris, hacia la luz de la esperanza, hacia el futuro, el glorioso futuro que te pertenece, que me pertenece a mí y a todos nosotros. Alza los ojos, Hannah. ¡Alza los ojos!

El barbero judío en The Great Dictator

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Parece que la vida está organizada de una forma en la que nadie es feliz sin compañía; así como a las flores no les basta con tener pistilos y estambres, un insecto o el viento deben ayudarlas a polinizar. La vida es soledad que solo con otro se puede satisfacer. Parece como si el mundo es la suma de unos con otros. Y además, ni sabemos ni nos dicen que debemos juntarnos los unos con los otros. Conducimos nuestras separadas vidas perfectamente ignorantes uno del otro. O a veces, poder encontrarnos con la insoportable presencia de otros ¿Por qué este mundo está construido de forma tan improvisada? Un tábano, rodeado de luz, vuela hasta posarse sobre una hermosa flor. Yo también podría haber sido un tábano para alguien. Y quizás tú también alguna vez hayas sido mi viento.

Nozomi en Air Doll

Canto a Tuxtla

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En Yuqys veniste a la vida,

De conejos rodeada,

De nagüille vestida,

Y del zoque adornada.

Sí, allí naciste conejita

Saltando en la loma,

Pequeña y bonita,

Con hermoso idioma.

De Yuqys saltaste al camino real,

Para ser mejor vista.

Aquí vestiste percal,

En pos de alguna conquista.

Joven, a tu nueva casa veniste,

Y para “la última teja colocar”,

A los españoles padrinos elegiste.

En tu nuevo hogar, el guiño del viajero viste al pasar.

Antes, el nombre de pila “Coyatocmó”

Cambiar decidiste,

Que coqueta no te gustó,

Por Tuxtla, y así acariciando el conejo seguiste.

Bajo la ceiba central,

De comestibles había venta

No era mercado formal,

Porque tu vida era lenta.

Talada la ceiba, después,

Allí de ladrillo se construyó,

El primer mercado llamado “cientopiés”,

Que por sus muchos pilares tu gente así bautizó.

Agua pura de zapotal bebías,

Que amoroso de su entraña te daba;

Los nambiombos eran tus sombrillas.

Pero otra suerte te esperaba.

Carreras muchas tenías,

Que del tren traían correo y viajeros.

Por eso pasaban varios días

En saberse los noticieros.

Tus diversiones que atraían,

Eran los paseos, el parque, los portales y el Rabasa.

Pero tus inquietudes te exigían

Cambiar tu antigua traza.

Las pozas del cura, enladrillada y el mangal

Eran también paseos divertidos,

En el Sabinal,

Para muchedumbre en grupos nutridos,

Y, ¿qué me dices del Jocotal?

Otro paseo atrayente,

Para saborear jocote con tamal,

Al que acudía toda la gente.

Tus calles empedradas

Anunciaban,

Por las pisadas,

Cabalgaduras que pasaban.

Hasta que la atención atrajiste,

Inquieta sin igual;

Y otro salto diste

Convirtiéndote en capital.

Entonces tu descuidado rostro anterior,

Empezaste a embellecer,

Usando el tocador,

Para enamorados atraer.

Uno fue oaxaqueño,

Francisco León, buen gobernador,

Quien empezó a adornarte con empeño,

Construyendo tu palacio con amor.

Tus ropas, antiguas todas

Fuiste cambiando por elegantes,

Vistiendo a las modas,

Para oír frases galantes.

¿Qué hacen Mactumatzá y el Cañón del Sumidero

Que su vista te daban

Cariño verdadero?

Al verte cambiar, lágrimas muchas aún derraman.

Pero no todo ha sido alabanza.

El alcalde colonial Masterra, despótico en 1693 te ofendió;

Entonces tu ascendiente zoque, sin tardanza

Te defendió, y con su vida aquel pagó.

En 1912, ataque de soldados recibiste.

Surgió tu enamorado capitán Miramontes,

Y airosa saliste.

Los sublevados, exterminados en los montes.

Otra chusma del mapachismo, sin ideales,

Y la derrotaron por a ti quererte.

Más tarde condenaste, digna y valerosa,

Crímenes contra Diéguez y los Vidal.

Fue cuando estudiante te conocí, dolorida, amorosa,

Y desde entonces me gustaste por tu actitud e ideal.

El apellido que llevas es de recordación,

En justicia merecida,

A la brillante actuación,

De Joaquín Miguel Gutiérrez, en su vida.

Porque a tu hijo la dictadura satanista sacrificó,

Cuando en 1838 la desafió valiente,

Que con su pluma y las armas atacó,

Como liberal-federalista sobresaliente.

Algo valioso dejó tu hijo de herencia,

Para sus hermanos, su ideal.

Porque observando con inteligencia,

Lo llevan por siempre igual.

Ya no hay portales, carretas, ni Rabasa, y jinetes no se ven cabalgar.

Pero guarda todo en tu memoria,

Para nunca olvidar,

Tu hermosa y atrayente historia.

Hoy las noticias oyes al instante.

Te divierte también la televisión

Todo es ahora expectante,

Con rápidos medios de comunicación.

Te admiro por gozar de simpatía,

Al hacer de la amistad un don,

Como en la cadena el eslabón,

Por ser de Chiapas el centro de su geografía.

Porque sabes, después de observar,

A tus gobernantes que lo hacen bien, estimular;

Y a los que mal lo hacen al administrar,

Con tu desprecio castigar.

Porque tienes buen concepto de la amistad,

Ofreciéndole con hidalguía

Fomentando la fraternidad

Y promoviendo la alegría.

Ya que oyendo cada día

Los cohetes tronar,

Das señal de contento y algarabía,

Que otros pueblos desearían disfrutar.

Dicen que tomando

El taxcalate y en jícara el pozol,

Se te sigue recordando,

O se regresa y toma también pinol.

Por haberlos tomado, de lejos te recuerdo y sueño en tu grandeza

Por la noche y en las mañanas,

Deseando sigas con entereza,

Creciendo junto a tus montañas.

¡Ah! Y siguiendo mi deseo tanto,

Te dedico por eso

Este canto,

Porque inquieta vas hacia el progreso.

J. Mario García Soto

publicado en El Sol de Chiapas, edición del 2 de febrero de 1980.

“Una estafa del cielo”

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Me siento frustrada, irritada y completamente timada. No se trata de una nueva decepción amorosa, es un poco más; es esa abominable sensación al terminar de leer un libro y sentir que el autor quedó a deber.

Casualmente llegó a mi The Gift y su bonita portada me invitó a hojearlo. Repasé las primeras líneas mientras mi amiga Lu, su propietaria, se alistaba para iniciar una emisión más en su programa de radio. No, la prosa no me capturó desde el comienzo, pero vamos, The name of the Wind tampoco lo hizo. Pensé en darle una oportunidad algún día no muy lejano, sobre todo después de que casi me compro PS. I love You de la misma autora, hace algunos meses.

El día de probarlo llegó cuando mi querida amiga lo olvidó en la cabina de radio y decidí custodiarlo hasta que la vuelva a ver. Comencé a leerlo de camino a casa: ¿un chico que en Navidad rompe la ventana de la casa de su padre con un pavo congelado a manera de protesta? No puedo recordar en dónde he visto eso antes, igual espero que sea relevante.

Y aquí empieza, una historia dentro de otra historia.  Un tipo seguro de sí mismo posee una linda familia y un elevado puesto, pero es arrogante y lo aprecia poco. Sin embargo, por alguna razón que solo Cecelia Ahern conoce, un día se detiene a conversar con un sin techo fuera de lo común que afectará su vida. Por razones egoístas, le provee de un trabajo y comienza a entrar en pánico cuando le parece que el ex mendigo podría robarle la vida, o algo así.

Ya veo por dónde va la cosa: a través de un intercambio de regalos el tipo lo sacará de su centro; de alguna forma le dejará entrever su trágico final, que no hace falta ser vidente para predecir…

Llego al capítulo ocho y me planteo continuar o no. Observo el libro, su diseño femenino, la tinta de sus páginas, el pretencioso título de la versión en español, la atractiva fotografía de su autora, los dudosos elogios de la contraportada. Vale, lo termino solo para saber si es como lo pensé o felizmente me equivoqué.

Es así como me propongo a terminar de una vez por todas con este asunto y leo sin pausas las más de doscientas páginas que me faltan. Creo que hubiese sido mejor quedarme en el capítulo ocho. La obra no es tan mala como para no venderse, pero no es tan buena como para comprarla. De entrada, querida Cecelia, no hacía falta rellenar con el chico del pavo; por supuesto que entendimos el meollo del asunto: apreciar a la familia, valorar el tiempo. La historia no me cuenta nada nuevo y tampoco me lo dice en forma espectacular, pero sería un poquito menos penoso limitarte a contar el asunto de Lou y dejarnos la interpretación a los lectores. Podemos con esto, te lo prometo.

¿Pero qué clase de personaje ambiguo es Lou? Yo no sé cómo sean los altos ejecutivos en Irlanda, pero no te compro que un sujeto con el ego de tu protagonista se haga llamar por la forma corta de su nombre, que por las puras se ponga a conversar con un indigente y que con la muletilla “esto” evidencie su nerviosismo al hablar con su jefe. En verdad, no es tan desagradable un libro con portada de cartón como un protagonista del mismo material.

Sé que no pagué por este ejemplar y de igual forma me queda debiendo, no en pesos sino en tiempo, que vale mucho más.

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